El Árbol de los Relatos. |
De raíces profundas como la historia misma. Cada hoja una aventura inesperada y cada rama un nuevo comienzo. |
* Una de las principales características del arte, además de ser subjetivo, es el sacar de manera casi inmediata los mejores y peores sentimientos del ser humano. Principalmente el cine y la música son las expresiones que más afectan la sensibilidad de las personas al causar un impacto directo en nuestras emociones.
Cuando de cine y música se trata ocurre algo esencial: después de afectarnos de manera interna, tenemos cierta necesidad de compartir con el otro aquello que provocó algo especial dentro de nosotros; ya sean sensaciones de agrado o emociones de odio y repudio; no podemos -por naturaleza- conservarlas para nosotros mismos. Compartir está en nuestra naturaleza, es un impulso casi irracional, pero cuando se trata de personas a quienes les tenemos especial cariño esto se adquiere un nivel superior. Es aquí cuando comienza el arte de dedicar arte.
Me atrevo a decir que todos, en algún momento, hemos dedicado una canción a nuestra pareja, a nuestra madre, padre, hermano e incluso a un amigo. La música, con toda su complejidad, es la forma de arte más fácil de dedicar. Pero con el cine la cuestión no es tan sencilla; debido a la cualidad fugaz, farragosa, multisemántica naturaleza del cine y las circunstancias en que éste es consumido ( alguna sala comercial, en casa, en algún conspicuo festival o digamos en internet) por ello resulta mucho más difícil compartir con alguien esos minutos que nos toma adentrarnos en la historia de la pantalla. Es bien cierto que no es lo mismo “sugerir” que “dedicar”. La mayor diferencia estriba en los sentimientos que nos provocó y la razón por la cual decidimos dedicar esa obra a cierta persona. El cine es ficción pero a veces nos lleva a maravillosas coincidencias que nos hacen sentir identificados y nos traslada a diversas situaciones en las que nos encantaría estar. El acto de la dedicatoria puede parecer un gesto demasiado romántico o azotado, pero no existe una regla precisa para hacerlo, por ello es tan disfrutable. Nosotros decidimos a quién dedicaremos una obra que nos ha llegado al fondo de nuestras entrañas, de manera que nuestro apego a la obra será proporcional a lo que sentimos por esa persona. Así como no hay una regla para contar historias, mucho menos para dedicarlas. Una película asombrosa a alguien que queremos asombrar, una película de amor a alguien que queremos enamorar. De igual forma podemos dedicar una película de desamor para alguien que sabemos podría motivarle a salir adelante, una película de terror para alguien que nos parece tímido y queremos asustar o así bien una película de autor para alguien que sabemos lo valorará y lo merece. En fin, dedicar la película adecuada a la persona exacta debe de ser un proceso tan perfecto y personal como el que realizas al ofrecer tu amistad o corazón a alguien.
Si bien las posibilidades y sentimientos son infinitos, también lo son las historias que podemos ver en el cine, las historias que podemos vivir y recrear en nuestra imaginación o en la abyección de la realidad cotidiana, pero siempre compartida, siempre dedicada a alguien, por alguien, pese a alguien.
Y tú… ¿Qué película dedicarías?